Reflection by: Fr. Alberto Bueno, T.O.R.
My dear Sisters and Brothers, From the times of Isaiah and the other prophets, God has been calling his people to himself. God desires to provide for us, generously, what we most need, that is, God’s very self! The words spoken via Isaiah today express this so powerfully. God gives freely and overwhelmingly, if we but respond. “Come to me heedfully, … that you may have life. I will renew you with the everlasting covenant.” (Isa. 55:3) Jesus fulfills this in today’s Gospel from Matthew (Mt. 14:13-21). With just five loaves and two fish, the Lord provides a much-needed meal for over five thousand people with more than enough for all and plenty of leftovers. This wonderful meal prefigures the Eucharistic Banquet which Christ will ultimately give us, as an everlasting memorial, his very Body and Blood, to sustain us every day of our lives. Because, as Saint Paul so poetically tells us in the eighth chapter of his Letter to the Romans (Rom. 8:35, 37-39), nothing will ever separate us from God’s love in Christ: “For I am convinced that (nothing in creation) … will be able to separate us from the love of God in Christ Jesus our Lord.” God’s love in so many ways is, powerfully, generously, overwhelmingly, constantly, available freely for each one of us! What more could we ask for?
Queridos hermanos y hermanas: Desde los tiempos de Isaías y de los demás profetas, Dios ha estado llamando a su pueblo hacia sí. Dios desea proveernos generosamente aquello que más necesitamos: ¡a Él mismo! Las palabras pronunciadas hoy por medio de Isaías expresan esto con gran fuerza. Dios da generosamente y en abundancia, siempre y cuando nosotros respondamos. “Vengan a mí, escúchenme y vivirán. Sellaré con ustedes una alianza perpetua.” (Isa 55, 3) Jesús cumple esto en el Evangelio de hoy según san Mateo (Mt 14, 13-21). Con solo cinco panes y dos peces, el Señor provee una comida muy necesaria para más de cinco mil personas, con cantidad más que suficiente para todos y sobras en abundancia. Esta maravillosa cena prefigura el Banquete eucarístico que Cristo finalmente nos dará —su propio Cuerpo y Sangre como memorial eterno— para sustentarnos todos los días de nuestra vida. Porque, como san Pablo nos dice tan poéticamente en el octavo capítulo de su Carta a los Romanos (Rom 8, 35. 37-39), nada nos separará jamás del amor de Dios en Cristo Jesús: “Estoy convencido de que (nada en la creación) … podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado en Cristo Jesús.” ¡El amor de Dios está disponible gratuitamente para cada uno de nosotros de tantas maneras: poderosa, generosa, abrumadora y constantemente! ¿Qué más podríamos pedir?




